Demian y el desarrollo de la moral autónoma

“Queria apenas tentar viver aquilo que brotava espontaneamente de mim. Por que isso me era tão difícil” (Demian, Hermann Hesse)

La infancia: el primer mundo y la moral heterónoma 

Sinclair, yo narrador de Demian de Hesse, un adolescente de 10 años, experimenta una profunda transformación cuando se adentra en un mundo más allá del ámbito familiar. 

En el primer capítulo, nombrado “Dos mundos”, narra sus percepciones y el interés que cada mundo ejercía sobre él. Todos sus valores, simpatías y antipatías, placeres y malestares que Sinclair conocía hasta entonces fueron asimilados en ese primer mundo, el familiar, dominado por la religión protestante y los valores de la burguesía.

“ (…) Esse mundo era-me perfeitamente conhecido em sua maior parte; suas principais palavras eram papai, mamãe, amor e severidade, exemplo e educação. Seus atributos eram a luz, a claridade, a limpeza. As palavras carinhosas, as mãos lavadas, as roupas limpas e os bons costumes nele tinham centro. Nele se contavam os coros matutinos e se festejava o Natal. Nesse mundo havia linhas retas e caminhos que conduziam diretamente ao porvir; havia o dever e a culpa, o remorso e a confissão, o perdão e as boas intenções, o amor e a veneração, os versículos da Bíblia e a sabedoria. Nesse mundo devia-se permanecer para que a vida fosse clara e limpa, bela e ordenada.” (Hesse, p.p.19,20)

            Todo lo que no pertenecía al mundo familiar cristiano-burgués pertenecía al mundo de lo prohibido:

“O outro mundo começava – curioso – em meio à nossa própria casa, mas era completamente diferente: tinha outro odor, falava de maneira diversa, prometia e exigia outras coisas. Nesse segundo universo havia criadas e aprendizes, histórias de fantasmas e rumores de escândalo; havia uma onda multiforme de coisas como o matadouro e a prisão, homens embriagados e mulheres escandalosas, vacas que pariam e cavalos que tombavam ao solo; histórias e roubos, assassinatos e suicídios. (Hesse, p.22)

Sinclair tiene relaciones con estos dos mundos por medio de una moral heterónoma. Eso aparece de manera muy clara, por ejemplo, en la relación con las hermanas: las reglas son obedecidas en la medida en emanan de la autoritas que las ordena, los padres y la religión, y no por medio de una valoración autónoma de la conducta en cuestión: 

“Para com minhas irmãs dever-se ia ter os mesmos respeitos e atenções que se dedicava aos pais, e quando se brigava com elas, a gente sentia, um pouco depois, na própria consciência, ter sido culpado, o promotor da discórdia, e que devia pedir-lhes perdão, pois ofendendo as irmãs ofendia-se ao bem e à autoridade espiritual.” (Hesse, p.22) 

Según Piaget, la moral heterónoma es una moral relacionada a una voluntad exterior que, generalmente, es la de los padres. Esta sumisión a la voluntad externa se origina del sentimiento del respeto unilateral que el niño siente hacia aquéllos. Dicho respeto, una suerte de mixtura de afecto y temor —siendo este segundo el elemento marca la desigualdad entre las partes—, y es caracterizado por una relación en que hay uno que comanda y otro que obedece. Así, en la primera infancia, el niño es capaz de aceptar y reconocer las reglas de conducta antes de comprender por sí mismo el valor de la verdad y de la mentira, o el valor y el sentido de la regla misma. 

            Un día Sinclair se encontraba en compañía de sus vecinos (pertenecientes al “mundo prohibido”) cuando se añadió al grupo un chico de 13 años corpulento y grosero, cuya familia gozaba de mala fama, llamado Franz Kromer.

“Eu sabia muito bem que espécie de gente era aquele Franz Kromer e não me agradou nada vê-lo aproximar-se de nós. Afetava uns ares de homem feito e imitava o andar e a linguagem dos aprendizes das fábricas (…) Eu me sentia bastante constrangido em sua companhia, não porque soubesse que meus pais haveriam de proibir-me terminalmente quaisquer relações com ele, tão logo tivessem conhecimento daquele primeiro encontro, mas precisamente porque a pessoa de Franz me inspirava receio. Até então mostrava-me alegre por não fazer comigo diferença alguma, tratando-me como aos outros dois meninos. Mandava e nós o obedecíamos, como de fosse um hábito antigo ou alguma obrigação, embora fosse aquela a primeira vez que o acompanhava.” (Hesse, p.23)    

Instigado por el miedo y, también, por un cierto deseo de aprobación, Sinclair se inventa haber hurtado en el pasado unas manzanas de una propiedad vecina. Kromer, sospechoso y malicioso, lo presiona a jurar por Dios y por la salvación de su alma la veracidad de la h noistoria. Sinclair lo jura. Luego, al volver a casa, y esperando que, como todos errores cometidos hasta entonces, sería también redimido por el contacto sacro del nido familiar, es sorprendido por Kromer ante el portal. Lo amenaza éste asegurándole que conoce al dueño de la finca y víctima del hurto y que está en disposición de pagarle dos marcos por revelar el nombre del ladrón. Si Sinclair no le paga a Kromer los dos marcos, éste lo delatará ante el dueño de la finca y de la policía.

            Este pasaje también nos remite a la moral heterónoma. Como ejemplo de su funcionamiento, Piaget usa las valoraciones de la mentira por los niños: 

“En primer lugar, los pequeños afirman que nada tiene de ‘malo’ la mentira cuando se destina a los compañeros: sólo es repudiable en relación con las personas mayores, que son quienes la prohíben. Con todo (y sobre todo), luego se imaginan que una mentira es tanto peor cuanto más se aleja de la realidad la afirmación falsa, y esto independientemente de las intenciones en juego.” (Piaget, p.50)

Primera crisis: la auto-sumisión

Tal infortunio genera una profunda crisis en Sinclair. Se siente desesperado y atemorizado por las posibles consecuencias de su acto; siente una tremenda culpa por la naturaleza de una mentira que daña la moral religiosa de su familia, independientemente de las razones o intenciones que lo llevaran a cometerlo. Así que partiendo de la “moral del primer mundo” podría seguir dos caminos: confesar su crimen, arrepentirse y pedir perdón, o bien, abandonar de una vez por todas el mundo familiar en tanto indigno de pertenecer a ella.  Una autocensura hace con que no se atreva a seguir por el primer camino.

“Durante alguns segundos renasceram em mim a fé e a esperança, à vista do chapéu pendurado no cabide. Confessaria tudo a meu pai, aceitaria sua decisão e seu castigo, contar-lhe-ia meu segredo e ele me salvaria.Tudo se reduziria a uma penitência como de outras vezes,a uma hora de pesares e amarguras, a um pedido de perdão feito sinceramente. Mas não, não podia ser … Sabia perfeitamente que não me atreveria a isso. Sobre mim pesava um segredo e uma culpa que eu teria que ruminar sozinho. Chegara, talvez, a uma encruzilhada decisiva e talvez desde aquele mesmo instante teria que pertencer para sempre à fração dos maus; teria que compartilhar seus segredos, estar subordinado a eles, obedecer-lhes e tornar-me um igual.” (Hesse, p.31)

            Este pasaje es el punto de inflexión en que Sinclair, aún cuestionándose los valores morales de los padres, no logra liberarse de la sumisión, sino que pasa a vivir bajo el jugo de un nuevo amo, Kromer. Por algún tiempo le seguirá servilmente cometiendo pequeños delitos, y, si bien tales hurtos han saldado la primera deuda contraída, Kromer lo tiene atado más que nunca dado su conocimiento pormenorizado de los nuevos delitos cometidos.

“Kromer me repreendia e me amargurava com seu desprezo; afirmava que eu pretendia desfrauda-lo e privá-lo do direito àquele dinheiro; eu é que lhe tomava o que era seu, eu o culpado de sua desgraça. Em muito poucas vezes na vida, o infortúnio chegou tão próximo de meu coração, e nunca mais voltei a sentir um desespero e uma escravidão maiores.” (Hesse, p.38)

La aparición de Demian

En medio de tales sufrimientos, durante una clase de religión, el profesor expone la historia bíblica de Caín y Abel. Es el momento en que fija su mirada en la figura de Demian, un tipo que refleja inteligencia, claridad, firmeza y un donaire de independencia al qué dirán. Al mismo tiempo, le parecía frío, orgulloso, seguro de sí mismo y de su valor.

“Demian (…) era totalmente diverso de todos nós e possuía uma marca pessoal e singularíssima que nos fascinava; mas recordo-me também que fazia tudo para que aquela personalidade passasse inadvertida; geralmente comportava-se como um príncipe disfarçado que, se achando entre jovens campônios, esforçava-se por se assemelhar a eles.” (Hesse, p. 42)   

Luego, al volver a casa, Demian se aproxima a Sinclair le expone una nueva interpretación de la historia bíblica: Caín sería un hombre fuerte y especial, y por eso genera miedo en los débiles; su señal no sería tanto una marca en el sentido habitual de la palabra, como un sello postal, sino el rastro en su mirada de audacia y poder que, consecuentemente, lo distingue de los demás. Por lo tanto, la concepción tradicional de Caín como un hombre malvado tan sólo es una maledicencia sostenida por la narrativa vengativa de los hombres débiles, en aras de protegerse de su amenaza. 

Chocado por tal novedosa interpretación, Sinclair trata de negarse tachándola de absurda. En el fondo, negación de aceptar su nueva condición, había transformado de Abel en Caín. 

“E eu, que já era Caim e levava a marca na fronte, imaginara naquele instante exato que o sinal não era um estigma infamante, mas antes um distintivo e que minha maldade e minha infelicidade me faziam superior a meu pai, superior aos homens bons e piedosos.”  (Hesse, p.47)

Sea como sea, no había vuelta atrás, “una piedra” calló sobre su alma adolescente haciendo pedazos todo lo hasta entonces creído. Expulsado del mundo edénico tampoco tenía otro por el cual substituirlo.

“Percebia que, quando rezavam por mim, era agora de modo muito diverso do que antigamente, e eu sentia a inutilidade daqueles orações. Às vezes experimentava uma peremptória necessidade de consolo, um desejo ardente de confessar todas as minhas culpas; mas pressentia que nem a meu pai nem a minha mãe poderia esclarecer e explicar tudo de maneira definitiva. Sabia que seria acolhido com amor, que se mostrariam propensos ao perdão, e mesmo compassivos; mas tudo o que havia ocorrido seria considerado uma série de extravios, quando era realmente pura fatalidade.” (Hesse, p.51)

Pero un nuevo oriente aparece en la vida de Sinclair: Demian se erigirá en su nuevo maestro, capaz de comprenderlo y salvarlo de su condición servil a Krommer. Dotado de un fino sentido de la observación, Demian advirtió la relación perversa entre Kromer y Sinclair, ofreciéndole ayuda para resolverla.

Un paso atrás y la formación de la moral autónoma (voluntad)

Demian salva a Sinclair de su verdugo, y, curiosamente, tal liberación supone un retorno al mundo luminoso del que se había autoexcluido, el hogar paterno: buscando el equilibrio tras la tormenta, Sinclair se confiesa a sus padres recibiendo el perdón.  Aparta de sí toda la pesadilla vivida con Kromer y las ideas de Demian sobre el cainismo. Demian le exigía demasiado (un rompimiento con el mundo conocido), los padres no. Aún carecía de fuerzas para caminar por el mundo prohibido.  

“Tentara caminhar pelos sendeiros do mundo e esses se mostraram demasiadamente inóspitos a mim. Resgatado por mão amiga, corri cegamente a me refugiar no ragaço materno, no redil seguro de uma puerícia resignada e piedosa. Tornei-me ainda mais criança, mais pueril, mais dependente do que eu era. Liberto agora de Kromer, tinha que buscar alguém a quem submeter-me, mas não podia andar sozinho, e meu cego coração escolheu meus pais; escolheu ‘o mundo luminoso’, o velho mundo querido, embora soubesse já que não era o único. (…) Hoje sei muito bem que nada na vida repugna tanto ao homem do que seguir pelo caminho que o conduz a si mesmo.” (Hesse, p.62) 

La diferencia entre la sumisión a los padres y la sumisión a Kromer es que esta última tiene un carácter mucho más voluntario: Sinclair lo buscó (y aunque pudiera recorrer a los padres, no lo quiso) e interpretaba la sumisión y las tribulaciones que implicaba como un destino al cual debería plegarse. Sinclair tenía un nuevo poder que se manifiesta en forma de un secreto (la mentira que contó a Krommer e todos los crímenes posteriores). Es justamente este secreto que desencadenará los procesos que marcan un cambio en su vida: por un lado, hace con que se sienta superior a los padres (de hecho, poseer un conocimiento del que los padres no participan da lugar a su desacralización); por otro, la relación de deuda a Kromer, fruto de una esclavitud voluntaria, da lugar a su vinculación con Demian, a través de la confesión y del acto protector.

En este punto, podríamos decir que Sinclair alcanza cierta madurez como para actuar de forma independiente, estadio que Piaget entiende bajo el concepto de moral autónoma. Sinclair es ya consciente de la existencia de criterios valorativos divergentes sobre el mundo, de que el universo no es regido por una sola verdad, y sí, en cambio, de que toda historia y hecho es susceptible de cobrar sentidos múltiples en función de la perspectiva. Ahora bien, el miedo sigue siendo su pulsión dominante de modo que se aleja de cualquier interpretación que lo incomode.

Para Piaget, el desarrollo de la moral autónoma va de la mano con el desarrollo del pensamiento lógico, estos coinciden en sus apariciones y esto hecho no es gratuito, aleatorio. Tanto el pensamiento lógico como la moral autónoma dependen de la capacidad de coordinación de conjuntos, de la capacidad de inversión o reversión. 

“El pensamiento del niño se transforma en lógico mediante la organización de sistemas de operaciones que obedecen a leyes de conjunto comunes. 1º Composición: dos operaciones de un conjunto pueden combinarse entre sí y además resultar en una operación del conjunto (ejemplo: +1 + 1 = 2). 2º: Reversibilidad: cualquier operación puede invertirse ( +1 se invierte en -1). 3º La operación directa y su inversa dan una operación nula o idéntica (ejemplo: +1 – 1= 0). 4º Las operaciones pueden asociarse entre sí de cualquier forma.” (Piaget, p.68) 

            Esta breve referencia a desarrollo del pensamiento lógico es fundamental para comprender como Piaget concibe las transformaciones afectivas, pues la afectividad y la inteligencia son indisociables. Para comprenderlos usa el mismo sistema explicativo, la epistemología genética. Así como sucede en la operación lógica, la afectividad, durante la segunda infancia (7 a los 12 años), alcanza la capacidad de coordinación y de comprensión de diversas valoraciones, o sea, la comprensión del hecho de existir no apenas una manera de valoración como era en el caso de la moral heterónoma. 

La voluntad, el principio que uno debe seguir para encontrar a sí mismo, es comprendido por Demian como necesidad, una necesidad cargada de sentido y valor, pero algo más próximo de una necesidad visceral, algo que se encuentra también en los animales. Muy distinto de la voluntad compreendida por Piaget, que tiene que ver con la acción valorada,  con el uso la lógica, puede evaluar entre un interés (que quizás sería el equivalente al concepto de voluntad de Demian) y un valor moral establecido. Así que Piaget define la voluntad a partir de la función que esta ejerce en la acción pensada del sujeto:

“Pero como bien demuestran William James y Edward Claparède, de nada sirve la voluntad cuando ya se tiene ya una intención firme y solo una. Sin embargo, aparece cuando hay conflictos de tendencias o intenciones, por ejemplo cuando dudamos entre un placer tentador y un deber . Pero entonces en qué consiste la voluntad? En este tipo de conflicto o en cualquier otro similar siempre existe una tendencia inferior, pero fuerte por sí misma (el placer deseado, en este ejemplo) y una tendencia superior, pero momentáneamente más débil (el deber). El acto de voluntad consiste entonces en reforzar la tendencia superior y débil y hacerla triunfar, y no en seguir la tendencia superior y fuerte ( en este caso hablaremos de un fracaso de la voluntad o de una voluntad débil).” (Hesse, p. 74)

El surgimiento y el reconocimiento de la voluntad es fundamental tanto para Demian como para Piaget. Para Demian, reconocer la verdadera voluntad permite que los animales, así como los individuos, desarrollen un tipo de sexto sentido que les permitirá alcanzar el objetivo. Negar esta voluntad es autoengañarse, perderse a sí mismo, dado que esta voluntad está dotada de una verdad sobre lo que uno es y sobre el destino que debe seguir a fin de auto-realizarse. Una verdadera y fuerte voluntad dota el individuo de un poder especial que le permite la superación de los obstáculos, sean personas, situaciones o cosas. Para Piaget, la voluntad es aquello que permite que el sujeto alcance un equilibrio con la sociedad; es un mecanismo por el cual el individuo podrá actuar de forma autónoma, racional y cooperativa, contribuyendo a la armonía del cuerpo social.

El arborecer la da adolescencia 

Es el brío de nuevos e intensos “instintos primitivos” hará que Sinclair se vea nuevamente atraído por el mundo prohibido. Impulsos esos, revolucionarios en tanto amenazan la paz presente, que vienen acompañados de miedo, violencia y remordimiento, pero al mismo tiempo de un conocimiento de sí mismo. 

Después de un haberse alejado de Demian varios años, sostenido por un sentimiento de deuda hacia a él (por haberlos liberado de la mala influencia de Kromer), vuelven a encontrarse en clases de catequesis.  

“Nosso professor de Religião havia começado a falar da história de Caim e Abel, enquanto eu ouvia com o pensamento distante. Estava ainda meio adormecido e não prestava qualquer atenção. De repente, o pároco pôs-se a discorrer calorosamente em voz mais alta sobre o tema da marca de Caim. Naquele exato momento senti algo como um contacto ou uma chamada, e ao levantar os olhos dei com o rosto de Demian voltado para mim lá dos primeiros bancos da sala, com uma olhar agudo, expressivo, entre zombeteiro e severo. (…) senti no fundo de minha consciência que aquilo não era como o pároco nos ensinava, mas susceptível de ser interpretado de maneira muito diversa e que a explicação  que nos dava era passível de crítica.” (Hesse, p.p.70,71)

El que Demian lo regala es una manera de pensar singular, cuestionadora y que leve en cuenta la voluntad individual que florece espontáneamente en sí mismo. Es decir, es mucho más una oposición a cultura de masas do que al cristianismo.

“Apesar de minhas dúvidas, e com toda a experiência da infância, era-me dado  conhecer bastante da realidade de uma vida piedosa, como a que levavam, por exemplo, meus pais, e sabia que nela não havia nada de indigno ou fingindo. Pelo contrário, as pessoas religiosas me inspiravam, agora como antes, o mais profundo respeito. O caso era que Demian me habituara a considerar e a interpretar as tradições religiosas e os dogmas de uma maneira mais livre, mais pessoal, mais divertida e mais rica em fantasia.” (Hesse, p.77)

Piaget nos habla sobre la actividad central de los adolescentes, la discusión, así como de sus características y funciones:

“(…) las sociedades de adolescentes son fundamentalmente sociedades de discusión: entre íntimos o en pequeños círculos, el mundo se reconstruye en común y los jóvenes se pierden más que nada en interminables discursos de lucha contra el mundo real. En algunos casos, también existe una crítica mutua de las soluciones respectivas, pero se llega a un acuerdo sobre la necesidad absoluta de las reformas.” (Piaget, p.84)

 Si, por un lado, estas discusiones interminables usualmente dan lugar a la formación de movimientos y gremios utópicos, megalomaníacos a menudo, y producen un ejercicio muy importante para el desarrollo de la creación personal; por otro lado, Piaget ve que el distanciamiento de la realidad provoca muchos desequilibrios, colocando al adolescente en una función de reformador, inferior al equilibrio siguiente, el de realizador.   

Así que Demian despertaba en Sinclair el sentido crítico. Ahora bien, había muchos otros aspectos que le atraían de Demian: su postura con los demás, la mirada, el olor, y el misterioso arte de la adivinación. Las discusiones eran una constante entre ellos, entre las cuales se destacan dos historias: la de Caín y Abel y la de los dos Ladrones. La primera, y más importante, es interpretada por Demian como ya dijimos antes, como un discurso de los débiles, y hace una crítica al un comportamiento de rebaño que, delante de algo distinto y fuerte, siente miedo y actúa para destruir. La segunda, también una crítica a una característica de la moral religiosa cristiana, pero con un elemento que ejerce una función educativa práctica en Sinclair: después de reconocer como una persona distinta, hay que actuar de manera distinta, en harmonía con el que se es.

Como siempre, Demian va un paso por delante de Sinclair, adoptando el rol de guía: cuando Sinclair conquista el poder de pensar críticamente, es advertido por el amigo sobre el papel de la reflexión, que carece de valor si no alberga un sentido y si no es acompañado de la acción:

“_ Falamos em demasia, _ disse ele com gravidade desacostumada. _ As palavras engenhosas não têm qualquer valor, absolutamente nenhum. Só conseguem afastar-nos de nós mesmos. E afastar-se de si mesmo é um pecado. É preciso que se saiba encerrar-se em si mesmo, como a tartaruga.” (Hesse, p.83)

Cumpliendo una función mediadora en lo que refiere a la comprensión de lo permitido y de lo prohibido, Demian argumenta el sentido de relativizar lo prohibido. En primer lugar, ofrece ejemplos históricos, de cómo en cada época y tiempo se cambiaba lo criterios de permisividad y prohibición, y, en segundo lugar, argumentando que a los hombres se les presentan dos caminos, el que consiste en seguir lo establecido sin necesidad de pensar, y el que, a través de la reflexión, uno mismo puede darse:

“Agora, por exemplo, levas contigo, há quase um ano, um instinto mais forte do que todos os demais e que se rotula como ‘proibido’. No entanto , os gregos e muitos outros povos fizeram desse mesmo instinto uma divindade à qual rendiam culto em grandes festas. O proibido não é, pois, eterno, e sim sujeito à mudanças.  (…) Em suma, tudo não passa de uma questão de comodidade! Aquele que acha mais cômodo não ter que pensar por si mesmo e ser seu próprio juiz acaba por submeter-se às proibições vigentes. (…)”. (Hesse, p.81)

Esta manera de reflexionar que ahora Sinclair comparte (al menos en teoría) con Demian, que podemos nombrar de libre actividad de la reflexión espontánea, es la principal novedad en el ámbito del pensamiento y de la adolescencia en relación con la infancia. Diferente del pensamiento concreto (típico de la segunda infancia), que puede representar una acción posible, emerge el pensamiento formal (típico de la adolescencia), caracterizado por la capacidad de decisión respecto de las representaciones posibles. A saber, cuenta con una capacidad de llegar a conclusiones sin una observación de lo real, solamente a partir de hipótesis y de la deducción.

Egoísmo intelectual y los desequilibrios

Otro aspecto muy importante tratado por Piaget es el egoísmo intelectual:

“(…) cualquier poder nuevo de la vida mental incorpora primeiro el mundo por medio de una asimilación egocéntrica y recién cuando se integra con una acomodación a lo real encuentra el equilibrio. (…) Esta última forma de egocentrismo intelectual se manifiesta por la creencia en la omnipotencia de la reflexión, como si el mundo debiera someterse a los sistemas y no los sistemas a la realidad. Es la edad metafísica por excelencia: el yo es lo suficientemente fuerte para reconstruir el universo y lo suficientemente grande para incorporarlo.” (Hesse, p.79)

El uso del pensamiento libre como un juego, como una actividad por sí misma, ya fue comentada anteriormente, pero cabe volverlo a comentar: en un determinado momento Demian le dice a Sinclair que no le gusta “hablar por hablar”, ejemplo claro de este momento de egoísmo intelectual al cual Piaget se refiere:

“Embora Demian tivesse por hábito expor suas idéias em tom de uma palestra agradável e aparentemente  superficial, não gostava “falar por falar”, sentia em mim, ao lado de um autêntico interesse, muito de jogo e de pueril complacência nas conversações intelectuais, ou seja, a falta de uma plena serenidade.” (Hesse, p.82)

El egocentrismo intelectual es corregido en la medida en que el pensamiento formal puede reconciliarse con la realidad. “el equilibrio se alcanza cuando la reflexión entiende que su función característica no es la de contradecir, sino la de adelantarse a la experiencia e interpretarla.” (Piaget, p.79) Así que Sinclair enfatiza el valor que tuvo para el: más do que la forma de pensar en sí, el se sentía listo en un sentido que podría interpretar sus vivencias de una manera “verdadera”, autónoma. 

“(…) para mim, o valor daqueles seis meses do ensino religioso não estava no que havia aprendido, mas na proximidade e na influência que recebera de Demian. Estava preparado para entronizar-me não na comunidade da Igreja, mas em algo muito diverso, na ordem do pensamento e da personalidade, que devia existir de algum modo na Terra, e cujo representante ou emissário era para mim, o meu amigo.”. (Hesse, p.82)

            Esos momentos de formación por medio de una experiencia compartida no dura mucho: luego Sinclar irá a estudiar a un internado, donde siente la soledad y pierde todo el interés por el mundo exterior. Adoptará una máscara de chico superior e indiferente, pero en su interior siente ataques que oscilan entre la desesperación y melancolía. Se sumerge en las tabernas, emborrachándose y vanagloriándose de su inteligencia:

“(…) Eu, que caminhava pelo mundo, insulado em meu desprezo! Eu, que sentia o orgulho da inteligencia e compartilhava os pensamentos de Demian! Isso é que eu era lixo, escória, bêbado e mesquinho, repugnante e grosseiro, uma besta selvagem dominada por instintos asquerosos.” (Hesse, p.93)

En poco tiempo nuestro protagonista siente en su interior la repugnancia y la delicia de la vida entregada a los placeres más mundanos, logra el status de un “jefe de bando” un famoso y atrevido biberón. Es todo este proceso que el describe como un mal sueño que lo conducirá a la soledad. 

“Sin embargo, si la personalidad implica entonces una suerte de descentración del yo, que se integra en un programa de cooperación y se subordina a disciplinas autónomas y construidas libremente, está claro que cualquier desequilibrio volverá a centrarse en sí misma, de manera que puede haber oscilaciones entre los dos polos de la persona del yo, en todos los niveles. (Piaget, p.81)

El punto alto del viaje hacia a su interior, al yo, fue desencadenado por la sublimación por medio de Beatrice, una chica que despertó en él la necesidad de lo femenino, del cuidado.  El nunca llega a comunicarse con Beatrice y ni un solo intercambio de miradas, pero en la búsqueda de suplir estas necesidades dibujará un retrato de Beatrice, que al fin no se parecerá nada con ella, sino que se parece a él, a Demian, y, por último, a la Madre de Demian, Eva.

“O amor não era um obscuro instinto animal, como a princípio o havia supuesto; nem tampouco piedosa adoração espiritual, como a que consagrara á imagem de Beatrice. Eram ambas e muitas coisas mais: era um anjo e demônio, homem e mulher em um, ser e fera, sumo bem e profundo mal.” (Hesse, p.115) 

            Esta unidad del bien y malo, del masculino y femenino, de sagrado y lo profano, era la respuesta que Demian buscaba, y llegó en una nota cuando menos lo esperaba: 

“A ave sai do ovo. O ovo é o mundo. Quem quiser nascer tem que destruir um mundo. A ave voa para Deus. E o deus se chama Abraxas.” (Hesse, p.111)

El plan de vida

“(…) la personalidad comienza al final de la infancia (8 – 12 años) con la organización autónoma de las reglas y los valores, y la consolidación de la voluntad como regulación y jerarquización moral de las tendencias. Pero hay otros factores en la persona, como su subordinación a un único sistema que incorpora al yo de forma sui generis; existe entonces un sistema “personal” , en un doble sentido, ya que es particular a determinado individuo e implica una coordinación autónoma.  Ahora bien, este sistema personal sólo puede construirse precisamente en el nivel mental de la adolescencia, dado que implica al pensamiento formal y las construcciones reflexivas (…) Podría decirse que hay personalidad a partir del momento en que se forma un ‘plan de vida’ (Lebensplan), que sea al mismo tiempo una fuente de disciplina para la voluntad e instrumento de cooperación.” (Piaget, 1943, p.81)

Para Piaget, la formación de la personalidad está relacionada con el aparecimiento del “plan de vida” (Lebenplan), que, a su vez, puede servir de fuente de disciplina para la voluntad y como instrumento de cooperación. Estos proyectos a menudo adoptan la forma de una suerte de mesianismo: “con toda la molestia el adolescente se atribuye un rol esencial en salvación de la humanidad y organiza su plan de vida en función de dicha idea” (p.82). En este momento se evidencian los defectos de la adultez, y es común que suceda una especie de sublimación del sentimiento filial y de transferencia de los padres a seres sobrenaturales. 

Es difícil identificar certeramente cuando surge el “plan de vida” en Sinclair. Puede que sea al final del curso preparatorio religioso con Demian, dado que este fue el momento en que él siente profundamente la ruptura con el camino pensado por la familia. Aunque no tenga claro el camino seguir, tiene claro cual no transitará. El momento en que el plan de vida aparece más claramente es cuando forma una suerte de club con Demian y Eva (madre de Demian). 

            El reencuentro con Demian si da en la ciudad en que Sinclair fue estudiar Historia de la Filosofía. Y, justamente, en la primera conversación aparece el tema de la comunidad, que podemos comprender como el plan de vida pensado por Demian:

“Falou Demian do espírito da Europa e do signo desta época. Em todo lado – disse – reinava a comunidade e o instinto gregário, mas em nenhuma a liberdade e o amor. Toda essa comunidade, desde os grêmios de estudantes e de orfeões até os Estados, era o produto de obsessão doentia, do medo, da covardia e da indecisão, e já estava carcomida e velha. Pouco falava para arruinar-se.” (Hesse, p.157)

“A comunidade – continuou dizendo – é uma coisa muito bela. Mas o que vemos florescer agora não é a verdadeira comunidade. Essa surgirá, nova, do conhecimento mútuo dos indivíduos e transformará por algum tempo o mundo. O que existe hoje não é comunidade: é simplesmente rebanho.(…) Durante cem anos a Europa não fez mais que do que estudar e construir  fábricas!  Sabem perfeitamente quantos gramas de pólvora são necessários para matar um homem; mas não sabem como se ora a Deus, não sabem sequer como se pode passar uma hora divertida. (…) Mantêm-se fiéis a ideias que já não existem, e atacam, furiosos, os que tentam erigir outros novos.” (Hesse, p.p.175, 158) 

            El plan de vida de Demian conecta con la experiencia de Sinclair, que ha vivenciado los “dos mundos” y que ha experimentado una impresión similar, no con tanta claridad ni en forma de crítica social como Demain, pero coincidía con él en lo fundamental. Tanto es que a partir de ese punto el desequilibrio del paso de la infancia a adolescencia, marcado por una “mirada atrás”, por añoranzas del hogar paterno, ha desaparecido. Él encuentra su lugar en el mundo, y lo siente como una armonía entre el mundo interior y exterior. 

Tras ese encuentro, Sinclair, Demian y Eva formarán una pequeña comunidad, en la que transitarán personas que también poseen “la marca de Caín”, personas que habían pasado por la más extrema soledad, que tenían por ambición construir una ejemplo, anunciar y ensayar una nueva forma de vivir, que al fin y a cabo tenía como ambición no formar parte del rebaño. 

Sinclair sólo buscaba caminar hacia un destino que pudiera identificarse a sí mismo en cada paso. Un destino que fuera construido en coherencia con la singularidad de su interior: “Que me importava que os estudantes bebessem e tatuassem, ou que o mundo estivesse carcomido e próximo da destruição, eu só esperava que meu destino se me apresentasse com uma nova imagem.” (p.160) 

Al final del libro parece que la importancia de Demian y Eva está en dotar de sentido la vida de Sinclair, guías que le ayudaran a encontrar lo que buscaba en sí mismo. En un periodo de crisis en que la juventud se veía en medio de una crisis del patrimonio cultural heredado. El punto máximo de la pérdida de sentido de la experiencia fue la guerra, y eso se nota por la brevedad del relato, por el cambio de una voz tan reflexiva y llena de percepciones a una voz seca y entrecortada. 

El patrimonio cultural pierde el sentido

Sinclair, diferente de Demian, no estaba tan preocupado con la decadencia del mundo, a diferencia de Demian, no procuraba una auténtica renovación de los valores, pero sí con algo que le proporcionará una “galvanización”, que fue por la pasión por Demian. Esa “galvanización” no fue nada superficial, no hubo en ello nada forzado ni artificial, tan “sólo” fue el impulso vital que sostiene su desarrollo. 

Demian y Sinclair son convocados a acudir al frente, un momento previsto por Demian. A pesar de su monstruosidad, para éste era el anuncio de lo nuevo en ciernes.

La renovación que Demian profetizaba suponía la destrucción del mundo conocido, y la gran guerra auguraba, a modo cura, el momento del cambio. Pero tal cura tan sólo radicalizó la «pobreza de la experiencia».

“A cura causou-me mal. Tudo o que depois me aconteceu causou-me mal. Mas quando vez por outra encontro a chave e desço em mim mesmo, ali onde, no sombrio espelho, dormem as imagens do destino, basta-me inclinar sobre a negra superfície acerada para ver em mim minha própria imagem, semelhante já em tudo a ele, a ele, ao meu amigo e meu guia. (Hesse, p.188)

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