La corte, el carácter italiano y las pasiones en la Cartuja de Parma

“Confesaré que he tenido el atrevimiento de dejar a los personajes las asperezas de sus caracteres, pero en compensación – lo declaro abiertamente-, censuro con el más moral de los reproches muchos de sus actos. ¿Por qué había de atribuirles la alta moralidad y los dones de los caracteres franceses, que aman el dinero por encima de todo y rara vez pecan por odio o por amor?  Los italianos de esta novela son aproximadamente lo contrario. (…)”  (Stendhal, p.8)

Esta novela de casi 600 páginas nos contará las aventuras y desventuras de Fabricio Valserra Del Dongo y de su tía Gina (condesa Pietranera, duquesa Sanseverina y condesa Mosca), en Italia del inicio del siglo XIX. 

Aunque haya un paralelismo con algunos hechos históricos, como la llegada de los franceses en Italia, la batalla de Waterloo, etc., el autor no está preocupado con una fidelidad a ellos, tan tampoco con el verdadero carácter francés o italiano, la narrativa va a transpolar el mundo real hacia al mundo stendhaliano. 

La primera parte del libro narra la llegada y la partida de los soldados franceses en/de Italia. El encuentro entre estas distintas culturas no es algo banal, al contrario, formará un de los aspectos del carácter especial del héroe Fabricio, y será siempre recordado por el narrador para resaltar las diferencias entre los caracteres italiano y francés. 

 El dominio alemán de la región de Lombardía, donde nasció y donde se pasa la mayor parte de la historia, generó en ese pueblo otrora valiente, costumbres afeminadas y un estado de adormecimiento, siendo necesario el contacto con los jóvenes soldados del ejército de napoleón para que los lombardos despertasen de esa condición: “llegó a estar de moda exponer la vida. Se vio después de siglos de sensaciones insípidas, que era preciso amar a la patria con verdadero amor y buscar las acciones heroicas.” (p.12) 

 Entre los soldados franceses que se alojaron en Lombardía estaba el teniente Robert, destinado al palacio de la Marquesa del Dongo, esposa del Marqués Ascanio Del Dongo. Durante esta breve estadía, y algunas otras más, el autor nos sugiere que ocurre un adulterio de la Marquesa con el teniente, y que de eso nace el héroe de la novela Fabricio. En esta altura también nos es presentado Gina, la cuñada de la Marquesa Del Dongo en sus 13 años, una niña a que pese la poca edad ya poseía trazos de un carácter fuerte y auténtico.

El Marqués del Dongo mantenía relaciones con los austriacos y estos se oponían a los franceses no solamente en la rivalidad política ocasional, pero sobre todo en las ideas: la Francia napoleónica tenía ese aire juvenil que deseaba conquistar el mundo, expresando un profundo amor a la patria, mientras los austríacos representaban las ideas antiguas, a la mediocridad, a la tristeza, a lo devoto.  

Una grande parte de esa nobleza Lombardía, cuya cuál incluyese el Marqués Del Dongo, es retratada de una manera satírica por Stendhal: un grupo patético, medrosos, cobardes, envidiosos, poco estudiados e inclinados a creer en profecías. Fabricio nace en este contexto, o sea, de la salida de los franceses y de la vuelta de las ideas antiguas. El héroe vive sus primeros años en el castillo de Grianta “recibiendo muchos puñetazos entre los niños campesinos del pueblo, y no aprendiendo nada, ni siquiera a leer.” (p.22), después es enviado al colegio de jesuitas de Milán, donde aprende latín y desarrolla una subjetividad típica de los jesuitas: propensa a la hipocresía. 

Su tía ahora era la Condensa Pietranera, casada el Conde Pietranera que gozaba de buen nombre y poca fortuna, y para el desprecio de su hermano el Conde del Dongo, él era un entusiasta de las “ideas nuevas”. La Condesa está encantada con el carácter de su sobrino Fabricio, que le parece “singular, inteligente y muy serio”, pero le llama la atención el hecho de que era “perfectamente ignorante, apenas si sabía escribir…”, desquiciada con eso empieza a hacerse cargo de la educación del, facilitando todo que estaba a su alcance para que él obtuviera al menos premios y regalías. Llegó a reclamar su sobrino, pero no obtuvo respuesta del hermano. Su madre, la Marquesa del Dongo, que a menudo escribía al teniente Robert, no sabía cómo contarle sobre estos trazos del carácter de Fabricio:  poco culto y dotado de un fanatismo religioso, que al mismo tiempo le asustaba y hacía amar aún más a su hijo.

 El Conde Del Dongo nutría un verdadero odio a la educación ilustrada, todavía sentía la necesidad de velar por la preparación de su hijo más joven para que pudiera ocupar alguna función o cargo, y , para no desaprovechar los estudios religiosos realizados junto a los jesuitas, encargó al cura Abate Blanes la continuación de los estudios de Fabricio, quien lo formará, principalmente en el arte de la lectura de presagios. 

El Abate Blanès, personaje de una honestidad y de una virtud primitivas, y hombre además inteligente, se pasaba las noches en lo alto de su campanario: era un chalado de la astrología. Después de dedicar los días a calcular conjunciones y posiciones de los astros, empleaba la mejor parte de sus noches en observarlos en el cielo. “(…) Los aldeanos temían al abate Blanès como a un gran mago (…)” y el marqués Del Dongo le despreciaba, simplemente porque razonaba demasiado para un hombre de poca categoría. Fabricio le adoraba y, por darle gusto, pasaba a veces tardes enteras haciendo sumas o multiplicaciones enormes. Luego, subía al campanario: era éste un gran favor que el abate Blanès no había otorgado a nadie nunca, pero quería hacer por este niño por su ingenuidad. << Si no te vuelves un hipócrita – le decía -, acaso llegues a ser un hombre>>. (Stendhal, 2013, p.27)

A parte de los encuentros con el abate Blanès la vida en el Castillo de Grianta era triste y aburrida para un alma como la de Fabricio, por eso él se inventaba de pasar todo el día cazando o navegando en una barca por el lago Como, esto cuando no hacía excursiones como jefe de un bando de niños, hijos de pescadores, por las madrugadas de tormentas por el lago. Aquí ya se nos revela el carácter aventurero de Fabricio, este trazo hereditario de aquella generación de soldados napoleónicos que valora el acto heroico en que se expone la vida:

“Dos o tres veces al año, Fabricio, intrépido y apasionado en sus placeres, estaba a punto de ahogarse en el lago. (…) Al subir a la barca, aquellos niños creían lanzarse a los mayores peligros; era este el lado bello de su acción; siguiendo el ejemplo de sus padres, rezaban devotamente al Ave María.” (Stendhal, 2013, p. 28)

La Condesa Pietranera mostrabase loca de amor y con una templanza impresionante para los momentos difíciles al lado de su marido: además de vivir con poco dinero, en una ocasión en que el conde es encarcelado ella usa todas sus amistades y su inteligencia para revertir la situación. En fin, ellos vivían felices hasta que por una desafortunada broma del Conde Pietranera hacia unos soldados de distintas banderas, acaba siendo asesinado. Viuda, la Condesa a los 31 años se siente vieja, y al recibir la invitación de su cuñada, la Marquesa Del Dongo, para vivir en el Castillo de Grianta, no piensa dos veces: acepta: “ya es hora de retirarse”. 

Las cercanías de Grianta poseían un paisaje muy especial, era un paisaje salvaje, distinto de las que el hombre pudo modificar y que por consecuencia llevaban la fea marca de la civilización. 

“Sobre las colinas, en cuyas cumbres aparecen ermitas que cualquiera elegiría para por morada, los ojos asombrados vislumbran los picos de los Alpes, con sus nieves eternas, y su severidad austera es una oportuna imagen de las tristezas de la vida, que intensifica el gozo la voluptuosidad presente.” (Stendhal, p.35)

Para quien tiene la fortuna de disponer de una cierta mirada puede percibir que el paisaje alrededor del lago Como transpira el ímpetu de vivir intensamente: ¡delante de la adversidad, la naturaleza puede crecer más vigorosa que nunca! Hablando sobre este ímpetu de vivir, fue en 1815 con 16 años que Fabricio decide dejar la seguridad del hogar en Griantta, y con un pasaporte falso huir en busca del ejército francés para luchar al lado del gran Napoleón. Esa noticia volvió loca a su tía Gina, que emocionada y llena de admiración lo apoyo como pudo, le disponiendo dinero y diamantes. 

¿A qué viene esa decisión tan repentina? Podemos pensar en muchas cosas: la influencia de su tío (fallecido conde Pietranera), que era militar y gran admirador de Napoleón, la sangre heredada de su padre biológico, el teniente Robert, la educación e influencia del Abate Blanes y simplemente el tipo de alma de Fabricio propensa a la aventura, corajosa e ingenua.

“Ayer tarde, a las seis menos siete minutos, estábamos de paseo, como sabes a la orilla del lago, por la avenida de los plátanos, más abajo de la casa Sommariva, y caminábamos hacia el sur. Primero vi a lejos la embarcación que venía de Como trayendo la gran noticia. Cuando estaba yo mirando aquel barco sin pensar en el emperador y envidiando simplemente la suerte de los que pueden viajar, de pronto me sentí transido de una emoción profunda. El barco atracó, el agente hablo a mi padre, cambió éste de color y nos llevó aparte para anunciarnos ‘la terrible noticia’. Yo me volví a mirar al lago sin otro objeto que ocultar las lágrimas de alegría que me inundaron los ojos. De pronto, a una altura inmensa y a mi derecha, vi un águila, el pájaro de Napoleón: volaba majestuosa en dirección a Suiza y, por tanto, a París. También yo, me dije al instante, atravesaré Suiza con la rapidez del águila e iré a ofrecer a ese gran hombre muy poca cosa, pero al fin y al cabo lo único que puedo ofrecerle: el concurso de mi débil brazo. Quiso darnos una patria y amó a mi tío. En seguida, cuando aún no había perdido de vista al águila, por un efecto singular se secaron mis lágrimas; y la prueba de que esta idea viene de lo alto es que el mismo instante, sin discutir, tomé mi decisión y vi los medios de realizar este viaje. En un abrir y cerrar de ojos, todas las tristezas que, como sabes me emponzoñan la vida, sobre todo los domingos, quedaron disipadas como por un soplo divino. Vi la gran imagen de Italia levantándose del fango que los alemanes la tienen sumida; extendía sus brazos martirizados y todavía medio cargados de cadenas, hacia su libertador. Y yo, dije, hijo todavía desconocido de esa madre desventurada, partiré: iré a morir o a vencer junto a ese hombre señalado por el destino y que quiso llevarnos del desprecio con que nos miran hasta los más esclavos y los más viles de los habitantes de Europa.  (Stendhal, p.p. 39,40) 

Los señales y presagios estaban siempre presentes en los ojos y mente de Fabricio, que creía ciegamente en ellos y en su propia interpretación. La aburrida y desdichada vida en el Castillo tarde o temprano lo llevaría a buscar otras experiencias, o un camino hacia la grandeza, a los actos heroicos. De fondo su pasión por su tío y por la Italia libre y viva también lo impulsa hacia esta aventura. La voz de Fabricio no explica muy bien qué es esa “Italia libre y viva”, pero podemos suponer que es similar a la voz del narrador.

En su jornada hacia París, emocionado e ingenuo, Fabricio por el raro acento de su francés inspira la sospecha o el desprecio de los hombres, que le engaña y hasta lo roba. Por otro lado, por su belleza y carácter especial, inspira la empatía de las mujeres que hacen de todo para ayudarlo salvando le en las situaciones más problemáticas. Llama la atención una escena en que, en medio de la batalla (oyendo el sonido de los cañones), después de ser robado, encarcelado injustamente, pasar sed y hambre, su mayor preocupación era si el realmente fue acepto en el grupo de soldados, si el sentimiento de fraternidad que llenaba su corazón era recíproco. Eso es llamativo: ¿cómo un hombre expuesto a tantos peligros está más preocupado con la estima de desconocidos do que con su propia seguridad?  El caso es que, si Fabricio sentía miedo eso siempre venía en segundo lugar, siendo sus pasiones el dominante: su objetivo era luchar junto al ejército de Napoleón y hacer parte de ese acto heroico, al mismo tiempo, tenía un corazón delicado que necesitaba sentir el afecto de quienes le rodeaba. 

La forma de describir la batalla es tan impresionante como innovadora (con relación a su época), tanto que sirve de inspiración a Tolstói en la producción de Guerra y paz. La novedad consiste en narrar la guerra a partir de la percepción de un individuo y no de una mirada omnipresente, de esa manera nos narra una sucesión de acontecimientos caóticos, fragmentados, y resulta impresionante por qué se da la sensación de estar allí.  

Por fuerza de los acontecimientos Fabricio es llevado a batir en retirada sin dinero y sin el pasaporte, y, con la ayuda de su tía Condesa Pietranera, vuelve a Italia en condición de forajido y traidor de la patria por una denuncia de su hermano Ascanio. 

Mientras velaba por su sobrino, la Condesa Pietranera frecuentaba los salones y las óperas de la gran ciudad (Milán), y fue allí donde conoció otro gran personaje de la novela: el Conde Mosca. Era un señor en sus cuarenta y tantos años en aquel momento el ministro de la Guerra, policía y finanzas del príncipe Ernesto IV de Parma. A pesar de su alto cargo y de su evidente inteligencia tenía un aire sencillo y alegre. Él se enamora perdidamente de la condesa Pietranera y le propone un plan para que puedan vivir juntos. En una estructura social muy distinta de la actual, en el seno de una sociedad cortesana, el conde Mosca sabe las obligaciones y posibilidades para que un hombre como él (casado) y una mujer como la condesa Pietranera (viuda) sean aceptos en la pequeña corte: ella debería casarse de “fachada” con el duque Sanseverina.

El título del libro es la cartuja de Parma (catuja significa un monasterio de monjes cartujos), pero bien que podría ser “La corte de Parma” pues es la institución que más influye en los acontecimientos.

En el censo común, cuando hablamos “corte” la primera cosa que viene a la cabeza es un bando de inútiles de nariz empinada envueltos de lujo. Todavía el libro no habla de eso, él nos enseña la parte más interesante de la corte: primer la estructura de poder que caracteriza su especificidad: todo el poder que si otorga a una persona: el rey, y el papel que la corte puede ejercer en las decisiones del, y, en segundo lugar, pone en evidencias las intrigas cortesanas que en esa novela dan lugar a una sucesión de acontecimientos tragicómicos.

La corte según Norbert Elías nada más es do que la casa y la economía doméstica de los reyes y sus allegados, pero es un fenómeno digno de ser estudiado detenida y aisladamente del fenómeno del ancien régimen, puede decir que es un fenómeno en el medio del camino entre este y el de la sociedad burguesa. En esta sociedad donde las clases y posiciones eran mucho más fijas y estables en comparación con la sociedad democrática posterior, las únicas opciones para adquirir poder y prestigio era por el nombre de la casa/familia, por la carrera militar o por la carrera religiosa, vemos eso en el plan del conde Mosca para salvar Fabricio que consistió en lograr un puesto de arzobispo en la sociedad de Parma.

Los “tipos ideales” que nos es presentado en la trama es del más interesante, están: el maquiavélico y sencillo conde Mosca, la inteligente y bella duquesa Sanseverina, el cruel y cobarde príncipe Ernesto IV, el deshonrado, servil y ambicioso fiscal Rassi, la devota, ingenua y dulce Clelia, entre otros… Todos estos componían esta pequeña corte de Parma. Eso por qué son personajes con trazos que nos enseña mucho más que características individuales, habla sobre la sociedad y sus formas y relaciones de poder. Por ejemplo, podemos vislumbrar en el personaje del fiscal Rassi que oía de todo y no llevaba a mal: “(…) casi el cortesano perfecto, sin honor y sin genio vivo” (p.292) el proceso de “domesticación” de la aristocracia/nobleza.

Paralelamente a entrada de la duquesa Sanseverina en la corte de Parma, Fabrício cumple una especie de “condicional” debido a la acusación del hermano y estaba a un paso de ser encarcelado, para evitarlo, buscaba probar que estaba “conforme” con la sociedad que le rodeaba. Ese padrón se repetirá por casi toda la novela: Fabricio metiéndose en líos y la duquesa Sanseverina haciendo uso de toda su inteligencia y poder para salvarlo.

El lío más grave en que se metió Fabricio fue el asesinato de un hombre llamado Gilleti. Todo empezó al frecuentar el teatro en el cuál se presentaba la compañía de los actores y novios Gilleti y Marieta: Fabricio tornase amante de Marieta levando Gilleti a furia, que jura venganza… Cuando menos se esperaba, un carruaje pasa por el local donde Fabricio acompañaba unas excavaciones, al darse cuenta que Marieta si encuentra dentro, para como una estatua en frente al carruaje, el actor por su vez entiende ese acto como una afronta y lo ataca, Fabricio reacciona a un golpe fuerte en el rostro matándole con un cuchillo.

En cuanto eso, la duquesa Sanseverina que desde el principio generó admiración y envidia en toda la corte, e inclusive fue el objeto de deseo del príncipe, es víctima de ataques del partido rival del conde Mosca y, al rechazar las investidas del príncipe, del también. Como todos eran conscientes del amor que la duquesa sentía por Fabricio, él fue el albo elegido para atingirla. El ápice de esos ataques fue la condena de muerte del por el asesinato de Gileti, eso que en esta época no se iba encarcelado, y mucho menos condenado a la muerte, un noble que mata un hombre de puesto mucho inferior en legítima defensa. 

En consecuencia de esa acusación Fabrício fue encarcelado en la ciudadela que estaba sobre la supervisión del general Fabio Conti. Fue allí que por primera vez Fabrício conoce el amor (eso era lo que más le angustiaba: la duda si él era capaz de amar): enamorase perdidamente por la hija del general, Cleia Conti, y ella por él. El héroe, a pesar de encarcelado, es más feliz que nunca, y tiene como único pensamiento y objetivo mirar y comunicarse con Clélia Conti. Está tan feliz que mismo sufriendo intentos de asesinato no acepta los planes de fuga sugerido por su tía. Al final, por la insistencia de Clélia, acaba aceptando y sigue el plan de fuga actuando de manera heroica en la escapada de la cárcel. 

El plan de fuga hábilmente construido por la Duquesa Sanseverina incluye una venganza a la corte y al príncipe, que jugaran sucio para hacer con que Fabrício fuera encarcelado, condenado a la muerte y envenenado. Junto a su amigo y admirador Ferrante (conocido como un loco, marginado y odiador del príncipe, que otrora fue médico, pero al ser flagrado con su amante que era la mujer del boticario de Parma fue condenado a la muerte, y a partir de eso huyó y llevó una vida marginal como ladrón) que la ayuda con mucho gusto a planear una fiesta extravagante para el pueblo en su castillo fuera de Parma, y una inundación en Parma. La duquesa deleita sobre su venganza, llega a tener ataques de placer y dije: “agua para los de Parma, y vino para los de …”

Después de ese delito la duquesa y Fabricio se ven obligados a huir de Parma, vuelven a los alrededores del lago Como, viven aislados e infelices hasta que llegó la noticia de la muerte del príncipe Ernersto IV. Gracias a amistad que mantenía con la princesa, recibió la invitación a volver a la corte de Parma ahora como mayordoma de la familia real.  Más influyente que nunca la duquesa tiene el inexperto príncipe a sus pies, además del poder del conde Mosca, y usa todo que tiene para librar Fabricio de las acusaciones y hacerlo arzobispo. 

Fabricio ahora es arzobispo por eso goza de una posición de poder y prestigio, pero es un hombre infeliz, vive atormentado por no poder vivir su amor, que está casada con el Marques Crescenzi.  Pasado un tiempo Fabricio alquila un espacio cerca de su casa, y a una cierta altura Cleia cede y tornase amante de Fabricio. 

Pasado años Fabricio siente una profunda insatisfacción al no poder convivir con su hijo, fruto de la relación adúltera y secreta con Clelia, y le propone que finja que el niño se enferma y luego que muere, así lo trasladaría hacia un escondrijo y allí podría convivir con él. Cleia que es muy creyente, tiene un presentimiento de que, si pone ese plan en práctica, puede que sea castigada por la “voluntad divina”. 

La novela termina de manera trágica y con la decadencia de nuestro héroe. Fabricio que actúa según “el ritmo del corazón” produce encanto y al mismo tiempo desastres: muchas mujeres que se enamoran y aman él, y su manera de ser le costó a él primero la muerte de Giletti, la muerte de su hijo y por último la de Clélia, de esa manera lo que le resta (ya que descarta el suicidio) es aislarse en una cartuja.  La condesa Mosca continúa rodeada de amigos, de la corte y de la “alta sociedad”. El conde Mosca concretiza su obra maquiavela: hacer del príncipe un gran soberano muy reconocido. 

Al largo de toda novela se hace mención al “carácter italiano”, algunas veces al “carácter francés”, pero siempre el segundo en relación con el primero. El trazo más llamativo de ese carácter es la imaginación, las mentes italianas son mucho más dadas a la imaginación y eso tiene consecuencias buenas y malas:

 “Los corazones italianos se sienten mucho más atormentados que los nuestros por las sospechas y por las ideas desatinadas que les sugiere una imaginación fogosa, pero, en compensación, sus alegrías son mucho más intensas y más duraderas.” (Stendhal, p.96)

Fabricio es sin duda el representante más fiel de ese tipo de alma italiana: imaginativo, sincero, ingenuo y hasta rencoroso:

“Fabricio recalcaba inútilmente la palabra carneros: sus camaradas no se acordaban ya de que una hora antes se habían enfadado por aquella palabra. Aquí se revela uno de los contrastes entre el carácter italiano y el francés; el francés es sin duda mejor: resbala los acontecimientos de la vida y no guarda rencor.” (Stendhal, p.72)

La cultura (la ópera) y la naturaleza (más vigorosa, o sea, mas fuerte) también componen a singularidad italiana, y todo eso está en Fabricio: la fuerza, la belleza la aptitud. Si puede tener la impresión de que Fabricio es un niño frágil, mimado y inconsecuente, pero eso si nos dejamos llevar por la mirada impregnada del social utilitario, o por lo juzgar solamente las consecuencias de sus actos pues, al final, Fabricio, pese la corte, la religión o cualquier otra institución o circunstancia hace todo a su manera singular, por ejemplo: ser feliz cuando está en peligro y encarcelado y ser infeliz cuando alcanza prestigio y protección todo depende del amor. Hasta cuando arriesga la vida de su hijo y de Clelia, por un momento piensa en resignarse y desistir del plan, pero luego reafirma su petición.

Podemos comprender esa “imaginatividad” de las mentes italianas en las oposiciones en que el autor hace, por ejemplo, a sangre fría que puede poseer algunos soldados franceses, y no el héroe italiano. Podríamos decir que está relacionada con a espontaneidad, con el absurdo y con el imprevisible, más naturaleza, menos social, o un social más natural, por fin, seguramente más pasional.

De las pasiones en la cartuja podemos decir que el amor es la fuente, es el sentimiento que mueve las acciones heroicas y las venganzas, que lleva a la locura, que provoca celos y odio.

El caso del amor de Gina por Fabricio, que empezó cuando Fabricio aún era un crío en forma de una admiración y un cariño especial y que luego se transformó en algo más a partir de su partida hacia Francia:

“…, Fabrício le pareció a la condesa Pietranera como un extranjero muy guapo  al que hubiera conocido mucho en otro tiempo. Si le hubiese hablado de amor, ella le habría amado; ¿ no sentía ya por su conducta y por su persona una admiración apasionada y sin límites? Pero Fabrício le besaba con tal efusión de inocente gratitud y de puro afecto, que la condesa se habría causado horror a sí misma si hubiera buscado otro sentimiento en aquel cariño casi filial. (…) Poco después de salir Fabrício para Francia, la condesa, que sin confesárselo a sí misma enteramente, comenzaba a pensar mucho en él, había caído en una profunda melancolía.” (Stendhal, p.112)

Es el amor que sacará de la Duquesa Sanseverina toda perspicacia que posee para salvar a Fabricio de los muchos líos que se encuentra a lo largo de la novela.  Ella era considerada la mujer más bella de la corte, y la belleza para Stendhal parece siempre estar relacionada con las cualidades objetivas del alma, en este caso, de una mujer inteligente, perspicaz, pero al mismo tiempo gentil y amable, y el que hace con que se exteriorice en forma en acciones estas cualidades es justamente su amor por Fabricio.

En pocas palabras, como es fácil amar a la Duquesa Sanseverina, ella colecciona admiradores enamorados y también conquista la confianza y la empatía de las mujeres, como por ejemplo de las criadas y de la princesa. Por otro lado, ese mismo amor inspira a los demás celos, tristeza y odio: el príncipe rechazado, ofendido y celoso usa su poder para condenar a Fabricio a muerte, la envidia que despierta en el partido rival de la corte conspira comprando testigos que depongan contra y capangas que lo envenenen, hasta el racional conde Mosca tiene ataques de celos y  comete el error, a posta a mi ver (Stendhal deja en el aire cuál es su verdadera intención) al omitir las palabras “ procedimiento injusto” de la carta que Sanseverina había redactado junto al príncipe para retirar las quejas contra Fabricio.

La pasión desquició la devota Clelia Conti, que vive en una silenciosa y tierna angustia por las expectativas de su padre en contraer un ventajoso matrimonio hasta que se enamora de Fabricio, a partir de ahí Clelia vive entre promesas a la madona y encuentros en la oscuridad con Fabricio y acaba siempre cediendo a la pasión que siente por él, intentando conciliar sus sentimientos de deber religiosos y filiales con sus impulsos pasionales, de modo que acaba sacrificando más do que puede soportar: primero su padre y después su hijo.

Un comentario en “La corte, el carácter italiano y las pasiones en la Cartuja de Parma

  1. Mais uma resenha maravilhosa, Bárbara! Incrível como você instiga à leitura a partir de suas impressões. Além disso, a maneira como você descreve xs personagens, as paisagens, as relações humanas e outros elementos mais sutis que facilmente passariam despercebidos, acende a chaminha para o debruçar sobre a obra.
    Parabéns!

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